APARTE DE MARADONA, SOMOS MUCH@S MÁS.

Unas horas pasadas al boom que irrumpió la mañana del miércoles en todos los medios,y que tantas y tan diversas opiniones generó, se puede decir que el “pelusa” hizo tanto ruido al marchar como escándalos desató en vida. No quiero utilizar su imagen, ni su momento, para no abrir debate alguno. Esto es una reflexión, una opinión y perfectamente un sentimiento que a muchas personas nos ha podido generar el momento.

Quiero hablar de la desgracia que le dominaba hasta el punto de dejar de ser Maradona, una desgracia que fue la mía, y que si no vigilo atentamente, lo seguiría siendo el resto de mi vida. Ante el mundo me presento como David, soy politoxicómano y tengo 37 años. Y no dejo de ser David, estoy casado y tengo dos niños de 8 y 12 años. Lo que une una opción a la otra, es que soy un enfermo, un adicto que debido a mis patologías y a las secuelas que me dejó el abuso compulsivo de sustancias y fármacos, tengo que alimentarme con 19 pastillas al día para poder levantarme de la cama y estar centrado. Pero puedo decir que tuve mucha suerte, ya que otros muy cercanos y amigos partieron hacia un lugar mejor. Todos sabemos como entra todo esto en nuestro día a día hasta apodedarse de nuestro aliento, mientras cegado te crees el puto amo, la ostia (Utilizo este lenguaje aspero para que quede constancia de la crudeza del fondo donde nos manejamos). Solo quien ha pasado por ello tragando mucha mierda, o ha acompañado a alguien por el borrascoso proceso de sombras, sudores y dolores, se le estará erizando la piel ahora al leer esto. Esta enfermedad siempre le hace la cama a la desinformación y a las características particulares de cada uno en el ámbito de la salud mental y sus dolencias menos relevantes en la juventud todopoderosa.

De la salud mental es fácil hablar para quien no convive con la primera etapa de ignorancia y vergüenza por la que se pasa al desconocer ese lado menos visible de la historia de la humanidad. Se te hace muy grande hasta que pasas un par de veces por el psiquiátrico y algún que otro centro, donde empiezas a obligarte a soltar lastre asumiendo el trozo de historia que te ha tocado escribir en ese momento. Decides que le jodan al mundo y asumes que eres como eres, si tienes suerte y ese día estás bien anímicamente. Si no te debora la depresión y la ansiedad que te recuerda que debías estar muerto y que el daño a tu alrededor es irreparable. Cuando me drogaba me tiraba a matar, cuando bebía también y ahora que no consumo ninguna sustancia ha sido la comida, la que hasta hace bien poco, me ayudaba a calmar el dolor con dolor. Solo los episodios bulímicos calmaban mi ansiedad entre sollozos y vómitos, casi siempre acompañados de persianas bajadas hasta encontrar cobijo en el manto burlesco de la oscuridad, donde rechazarme y odiarme sin querer consuelo alguno (me merecía ese dolor). Algo que he conseguido remitir, al menos, haciendo desaparecer la provocación del vómito.

Y digo yo, si todo esto nos pasa a la gente de a pie, imagínate que no le pasara a alguien con el suficiente ego para ahogarse en su propia fama y vivir constantemente fuera de su realidad. No defiendo ni a Maradona, ni a nadie, tan solo fijo luz en un ejercicio de empatía y pequeña instrucción, de lo que es la vida y sus putas montañas rusas, esas que a algunos nos ha tocado pasar varias veces.

Publicado por davidap83

Me gusta la gente que dice lo que piensa y hace lo que dice. Partisano, socialista y autogestionario. 4th

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