Adicciones, salud mental y trastornos alimentarios

Este artículo puede ser de los que más sentimientos de vergüenza me pueden provocar. Los motivos son varios, y cada cual aporta un poco más de dolor, atravesando mi corazón como si de puñaladas de una siete muelles se tratara. El dolor que siento sé perfectamente de donde viene, aunque recele de él y quiera escapar corriendo mirando hacia otro lado, pero de eso no trata la vida. En mi biografía se recoge que existen históricamente muchas contradicciones, pero hay una de ellas que chirría intempestiva y en lo más profundo de mi sistema operativo. La combinación medicación, trastornos psiquiátricos y constancia deportiva, adelgazar no encajan demasiado.

Desde hace muchos años, tantos como que iba al colegio, exactamente al C.P Menéndez Pelayo de Torrelavega, destaqué por ser más grande, pesar más, estar más gordo…cualquier término es válido. Mentiría si afirmara que me supuso un trauma arrastrado por los empedrados caminos del tiempo, pero no, solo es un punto de referencia, una baliza de señalización, pues he hecho deporte y muchas más cosas que no debía que han hecho que variara mi peso drásticamente a lo largo de mi vida. A lo largo de mi reflexión, muy personal, pero que me apetece compartir y así liberarme un poquito, con la misma esperanza de que a alguien le sirva de espejo y ayuda.

Toda la vida he estado peleando con el peso, un punto acomplejado pero ya en la edad que se supone adulta. Tampoco he sabido y en parte no he podido, cuidar mi alimentación. Recuerdo desde bien pequeño tener que acudir a nutricionistas que me ayudaron más bien poco, porque al igual que cuando cumplí más años, cambiaba drásticamente de peso, tanto al alza como a la baja. Con el tiempo, a partir de los 25 años, reconozco puntos de inflexión en mi vida donde aumenté mucho de peso y me fue siendo cada vez más difícil retornar a mi peso adecuado.

La inestabilidad psicológica es una lacra que me lleva acompañando y atormentando desde hace muchos años. Haciendo reflexión y echando la vista atrás mucho tiempo veo que una vez que dejé de jugar al balonmano, mi vida se convirtió en una auténtica montaña rusa, cada año más veloz e intensa y a su vez más peligrosa. Fueron años de muchos cambios, muchas experiencias novedosas y seductoras para un inocente joven tentado por destacar y sentir los efectos de lo nuevo y desconocido, un joven que solo quería vivir en la zona ilegal del límite. Pero la realidad fue otra, fui arrastrado por tal tsunami emocional que mi cabeza no supo gestionar en positivo, incrementando el riesgo de que mis problemas psicológicos, tal y como pronosticó la médica forense de mi primera causa judicial, depararían en trastornos caracterizados para ser tratados dentro del área de salud mental. Los primeros achaques fueron relacionados con cuadros de ansiedad a los que no se le dio la mayor importancia, pues los atracones que me daba de comida estaban relacionados con el consumo del hachís, por la sensación de apetito y pereza que despertaba en mí, y el consumo de cocaína, pastillas, speed y otros complementos dentro de las llamadas drogas de diseño, que después de días sin comer me alimentaba de manera antinatural. Con el tiempo todos mis comportamientos van sujetos a los efectos que las sustancias generaban en mí. Cuando me quise dar cuenta me encontraba dentro de un marco ansioso-depresivo en el que todo lo que hacía era de manera compulsiva, tanto comer, beber o colocarme. No fui consciente de esto hasta que la única salida era ir abandonando lo que me hacía daño, pues el desgaste era ya considerable y el callejón que regentaba cada noche era mucho más oscuro, mucho más peligroso.

En el año 2008 nació mi hijo Fran, a los pocos meses de ello dejé de fumar hachís y aprovechando el tabaco, pues durante muchos años fumé solo hachís y cuando bebía alcohol o consumía cocaína, fumada o no, mucho tabaco. Este momento marcará un hito en mi vida, fue mi primer aumento de peso, 25kg debido al aumento de comida y bebida incontrolada que ingerí durante meses para calmar la ansiedad que hacía que me retorciera cada día y cada noche, en la sala, en el trabajo y en la cama. Todo tiene daños colaterales, y el segundo problema se tornaba entorno al desmesurado aumento de cocaína debido a la correlación creciente con el aumento del consumo de alcohol. Reflexionando en el tiempo, este primer bloque de problemas he visto que me quiso empujar al abismo de los trastornos alimenticios, pero una vez más, tal y como pasó con la ansiedad años atrás quedó eclipsado bajo un nuevo mecanismo de evasión, el aumento del consumo de cocaína y por ende, un nuevo reajuste en el peso que me situaba casi en los kilos que dejaba atrás cuando mi nueva sociedad auto-destructiva se fusionara tras dejar los porros por el camino de la vida. Cuando una enfermedad tapa a otra lo único que hace es multiplicar su potencialidad, destruyendo los márgenes establecidos. Mi experiencia continuó provocando que empezara a a dormir poco, muy poco; dejando de comer y con carácter importante aumentando el consumo de cocaína, dejando atrás ya las drogas de diseño, excepto algún día aislado. Tres años de sufrimiento en silencio, pues en casa solo esquivé preguntas y evidencias, llegó el día que tuve un importante accidente de tráfico, después de tres días sin dormir y en el que tengo que agradecer al destino que no pusiera a nadie por delante de mi, pues salté la mediana y media rotonda. Un susto importante, que por mi estado y mi acumulación de causas hubiera acabo en prisión si no hubiera escapado del lugar del accidente, abandonando allí el coche dado vuelta y destrozado. Se puede decir, que el primer bloque de desenfreno, impulsividad y compulsividad terminó con más pena que gloria, pero terminó. Hasta este momento tenía completamente desorganizada mi vida, bebía por la mañana antes de ir a trabajar, en vez de salir a comer entrenaba o bebía (aveces ambas), y después ya, vivía descontrolado hasta que iba a casa; unas veces a horas normales y responsables o a cualquier hora de madrugada, cada cual peor. Días después, tras ser invitado a abandonar el hogar ingresé en Proyecto Hombre. La mejor decisión que pude tomar.

Han pasado muchas cosas desde este momento hasta el día en que me encuentro repasando mi pasado, el peso y su correlación con el consumo de sustancias, los trastornos psicológicos y alimenticios. Una vez que mi paso por la terapia entrelaza rehabilitación y cambio de hábitos en los que incorporo de manera notable la inyección de vitalidad que el deporte provoca en mí, mi cuerpo se reorganiza volviendo a situarse entorno a los 100kg, pero no todo son buenas decisiones por esa época. La ansiedad seguía conmigo, los atracones estaban más controlados y la abstinencia de alcohol dejó de ser tal, pasando a permitirme un consumo siempre controlado y acompañado de mi mujer, quién siempre ha estado ahí. Más temprano que tarde llegó el error que marcó otra etapa muy importante de mi vida. Se descontrola de manera intermitente pero intensa en el tiempo el consumo de alcohol durante varios años y eso empujó a mi recaída, después de tres años limpio de cocaína. El orgullo que sientes después de haber conseguido algo tan verticalmente duro, ves como se diluye junto a la organización alimentaria, la disciplina deportiva y el honor de llevar la cabeza bien alta tras haberte rehabilitado. Empieza el camino hacia el barro, como me gustó compartir con un compañero de trinchera para salir del infierno que acabábamos de empezar a dejar atrás, inocente de mí. Hasta mi paso por el psiquiátrico, lugar en el que ingreso en 2016 tras pasar muchas noches de trastorno e insomnio en la calle, Valdecilla o Sierrallana, los días se limitaban a dar vueltas a un pequeño patio o un pasillo si es que llovía, anulando por completo mi vida llegó mi primer aumento serio de peso, 30kg al alza ni más ni menos. Tiempo en el que los problemas se multiplican al padecer una trombosis en la pierna derecha, sufrir problemas por excesivo fluido sanguíneo, que se encharquen de sangre mis pulmones o la tensión desorbitada, hacen que me abrume con imágenes descriptivas de ese tiempo que pasé tirado entre camillas y asientos de hospital, madrugada si y madrugada también, acompañado de mi mujer o mi madre. Con unos meses entre mi salida ya cargada de medicación de Padre Menni y mi ingreso en Proyecto hombre en Burgos, mi peso parece reducirse un poco durante los meses de verano de 2017, eso sí, negándome rotundamente a pesarme, comenzando inconscientemente con esa actitud mi periplo de irracionalidad, autopista directa y sin peaje hacia el complejo, la frustración y principios de una más que previsible depresión severa.

Teniendo en cuenta algunas de las patologías que me reconocen como ansiedad, depresión, trastorno del carácter y comportamiento, el trastorno límite de la personalidad (TLP), puedo dibujar un futuro que oscilará entre estados anímicos opuestos, motivaciones antagónicas, impulsividad, relaciones inestables con mi entorno, problemas de imagen y auto-lesiones, entre otros síntomas. Comencé el año en Proyecto Hombre Salamanca debido a que contaba como terapia con un programa para usuarios que requieren tratamiento de adicciones y tratamiento psiquiátrico a la vez. Como gasolina y motivación extra, palabras de mis hijos que hicieron que evitara el sedentarismo en lo mayor de lo posible, recordando lo que supone estar en un centro cercado por cuatro altos muros. En los ocho largos e intensos meses que estuve allí adelgacé 12kg, adquiriendo una movilidad que hacía tiempo que no sentía, pero al volver a Cantabria a seguir mi tratamiento terapéutico. y tras un pequeño relax con mucha ansiedad y justificados altibajos recuperé algo del peso que había dejado atrás.

Mi combate con el peso es muy particular desde que vivo bajo los efectos de la medicación. Pero no se puede obviar mi falta de orden y disciplina, algo que ha quedado relegado a un segundo o tercer plano, debido al orden en que he ido eliminando mis adicciones. Puede parecer una excusa, incluso una justificación en toda regla, pero para mí es más que eso, es algo a lo que me aferré y que también ha resultado ser ofensivo en las formas en las que me relaciono con la comida. Según los expertos, mis códigos de dependencia hacia la comida y la falta de educación alimentaria eclipsada por las tempranas adicciones, se han convertido en una perfilada herramienta más de auto-destrucción que no me va a ser nada fácil abandonar. Si hay algo por lo que puedo creer que esto sirve para ayudar a alguien, no es simplemente por la historia que cuentan las palabras, sino por lo que dejan en sus espacios entre renglón y renglón. Con todos los cambios drásticos de peso y lo abultado de mi peso final, sus consecuencias y lo que me cuesta ahora perder peso, han deparado en bulimia, atracones que aportaban daño a mi mente hasta derrotarla y arrancarla lágrimas de sangre, arrebatar a mi cabeza las ganas de luchar y reconocer lo que he avanzado en estos años. He llegado a despreciarme y odiarme tanto que no me quería ver, ni aveces quiero, verme en un espejo.

Ahora tras años de reconstrucción personal, de intentar dejar de sentir mi cabeza cortocircuitada hasta el punto de ver mis recuerdos vagando por mi memoria a la deriva como los restos de un navío tras naufragar en la tormenta perfecta. Ahora que puedo ver desde otro ángulo mis avances en organización alimentaria, de identificar mis problemas e intentar poner en práctica lo aprendido en estos años de pedagogía obligada. Lo compulsivo al igual que lo impulsivo sigue cerca cada día, pero los días que se intensifican y atreven a acercarse ahora encuentran resistencias que dificultan sus estrategias. Aun así actualmente me he plantado ya en 129kg recuperando 7kg de masa muscular que me había dejado de centro en centro y de sofá en sofá. Tomo 16 pastillas al día y me sigue devorando la ansiedad cada noche y la depresión muchas mañanas, intensificando un poco más mi frustración, en la que no me puedo permitir navegar demasiado tiempo o enseguida hago aguas varios días. Se me ha estancado un poco la perdida de peso, pero necesito sentirme persona con algo de masa muscular por debajo de la capa de grasa que me envuelve y he decidido compartir mis entrenamientos entre fuerza y resistencia.

Este artículo hace referencia a problemas y etapas de mi vida, problemas que unos han sido superados y olvidados, como otros que conviven conmigo y otros con los que estoy condenado a entenderme. He intentado dejar ver los problemas vinculados entre adicciones, salud mental y trastornos alimentarios, pero siempre desde mi punto de vista pues así lo he vivido, dejando lagunas amplias por el camino seguramente. Siempre he sido una persona grande y es algo con lo que debo convivir, no por ello voy a rendirme, pese a asumir algunas de mis limitaciones, pues si estoy limitado que sea porque doy el máximo y no se puede más. Rendirme y darme por vencido no está en el glosario de mi vida.

Publicado por davidap83

Me gusta la gente que dice lo que piensa y hace lo que dice. Partisano, socialista y autogestionario. 4th

4 comentarios sobre “Adicciones, salud mental y trastornos alimentarios

  1. Ya sabes que llevas mucho luchado tu solo y con tu Marí siempre a tu lado. Este post es durísimo y tu muy valiente por escribirlo. Ya sabes que la vida es larga y es un aprendizaje, unas veces sencillo y otras veces cruel pero….hay que coger todo lo aprendido, apretar los dientes y seguir.
    Y claro que si RENDIRSE NO ES UNA OPCIÓN, TÚ PUEDES 😘

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